Mezclando agua y tierra obtenemos barro, un material con múltiples usos a lo largo de la historia.

De barro, en forma de adobe o tapial, son muchas construcciones de ciertos lugares. De barro, muchas de las vasijas del quehacer cotidiano en civilizaciones perdidas y presentes. De barro, algunos remedios sanadores, como los emplastes contra la picadura de avispas. De barro, baños o masajes relajantes.

De barro también estas figuras –expresión del sentimiento de Javier Robles– el cual uniendo barro, agua, color, paciencia, imaginación y sensibilidad da a luz su creación. Figuras que no sólo decoran espacios vacíos sino que hablan de ese mundo existente detrás de lo aparente. Figuras con alas etéreas. Figuras con vida.

M.ª Elena Valbuena

 

Javier Robles es uno de esos escasos ejemplos en los que el azar y la vida le brindan una nueva oportunidad de conocerse mejor, contemplando sus trabajos en cerámica he de reconocer que en ellos se puede intuir el potencial de un buen escultor, da la sensación ateniéndome a sus escasos datos biográficos relativos a la Escultura que esas ideas hubieran estado en su cabeza durante años esperando una oportunidad para salir.

El primer contacto serio de Javier con el arte se produce a los 18 años en la Escuela de Arte de Oviedo donde se especializó en Dibujo Publicitario pero cuenta ya con 54 años cuando decide tomar lecciones de cerámica en el taller que Alfonso Montiel tiene en Trobajo del Camino y es aquí donde comienzan a salir con una facilidad asombrosa sus primeros trabajos escultóricos. Son piezas realizadas en cerámica parcialmente esmaltadas y en ellas Javier deja patente que tiene una intuición escultórica muy clara, siendo la primera característica que como espectadores nos llama la atención, la utilización de un único y personal lenguaje.

Javier es sin duda un escultor figurativo muy alejado de los cánones a los que la realidad nos tiene acostumbrados, sus personajes han sido simplificados al máximo, da la sensación de que exprime todo lo que puede la forma orgánica hasta transformarla en geometrías complejas que son capaces aún de albergar el calor que necesita la forma para transmitir al espectador una emoción vital y cercana.

Cada una de estas geometrías cerámicas constituyen una invitación personal a cada espectador para entrar en su cuarto oscuro, un cuarto repleto de esculturas que pretenden sobresaltarnos con elementos y afectos que forman parte de la vida cotidiana, un mundo cercano, la casa, la familia, el parque. Estos elementos son sus principales fuentes de inspiración y no escatima esfuerzos para recrearnos escenas que ya hemos vivido pero que al verlas interpretadas por Javier vuelven de nuevo a golpear nuestra memoria.

Amancio González. Escultor

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